La obra consiste en 12 módulos idénticos realizados en alucobond de 4mm de espesor y fijados a la estructura existente mediante la incorporación de una subestructura liviana de acero y anexa a la estructura del muro soporte. Cada módulo, de color negro, tiene una altura de 5 metros y un ancho de 3.90 metros.
Vilches ha seleccionado, como la unidad constituyente de esta obra, la tercera figura del tríptico Sombras (I, II y III), que forma parte del período productivo del artista que comprende desde el año 1960 hasta 1974.
En este referente convergen la mayoría de los aspectos que configuran su imaginario: la sugerencia de la naturaleza, del paisaje y del ser humano; la austeridad y la síntesis, la secuencialidad, la modularidad, el ritmo, el desbalance y el refinamiento de las formas; la contraposición de fuerzas entre luz y oscuridad, la irregularidad de la línea de contorno, la importancia del silencio visual.
La secuencia, rítmica, contundente y categórica como parte de la obra, resulta al mismo tiempo sumamente sugerente. Además de aludir a la serialidad y la dinámica secuencial propia del grabado -que es también la de un aeropuerto- y lograr una convivencia virtuosa entre lo geométrico y lo orgánico, esta composición parece evocar un ave a punto de emprender el vuelo, el despegue de un avión, las señaléticas aeronáuticas, las siluetas de las figuras en las ilustraciones de la antigua Lira Popular, las guirnaldas de papel picado (que el artista solía ver durante su infancia en el mercado de Concepción), los patrones abstractos de los textiles y la alfarería prehispánica (también de su región natal), los estudios fotográficos de cuerpos en movimiento de Muybridge, la estructura geométrica del antiguo puente ferroviario del río Biobío, las curvas en un acueducto romano o los palimpsestos de animales en las más antiguas manifestaciones del arte prehistórico.











